Una experiencia de fe en la JMJ

Hola, me llamo Miguel Martínez Vilela. Soy un joven de 20 años de Ferrol y estudio Ingeniería en la Universidad de La Coruña.

Desde pequeño he tenido la suerte de formarme en una familia con valores cristianos. Pero, como muchos jóvenes de hoy en día, estaba deseando hacer la Confirmación y, ahí, se acabaría la Iglesia hasta que pensara en casarme. El día de mi confirmación llegó, y lo que tanto esperaba se cumplió, no tendría que volver a misa, era libre (o eso pensaba) y ya podría centrarme en el deporte para poder tener un buen resultado en los campeonatos de España.

Cambié estar cerca de Dios, por entrenar y poder llegar a tener algo de prestigio en un deporte. Intenté cambiar la humildad por la fama, pero me surgieron una serie de preguntas ¿Soy feliz haciendo esto? ¿Qué ha cambiado en mi vida? ¿Este es el camino correcto? Me di cuenta que me faltaba algo, que tenía necesidad de volver a acercarme a Dios, y empecé a colaborar en mi parroquia dando catequesis. Aquí comencé realmente a conocer a Dios, pero me faltaba algo, me faltaba poder compartir mi fe, mis inquietudes, mis pensamientos con otros jóvenes, pues me daba la sensación de estar solo.
Miguel (segundo por la derecha), Jorge (abajo), y su hermano Andrés (encima de él), junto a otros dos peregrinos, delante del famoso Cristo Redentor del Corcovado, en la reciente JMJ de Río
En el año 2011 me ofrecieron ir a la JMJ de Madrid y allí tuve la suerte de encontrarme con Dios en esa semana inolvidable. Me di cuenta que había mucha gente joven que seguía a Cristo. Por lo tanto, yo no estaba solo y podía compartir mi fe. Volví como un hombre nuevo. Como tenía que compartir lo que había vivido decidí, junto a algunos jóvenes de mi ciudad, formar un grupo de oración, para vivir nuestra fe y tener la esperanza de poder volver a repetir esa experiencia.

Después de mucho trabajo y actividades, pudimos reunir el dinero para participar en la JMJ de Río de Janeiro. Acabo de aterrizar en España, después de participar en esos días fantásticos, por lo que estoy en una nube, asimilando todo lo vivido allí y meditando las palabras del Santo Padre Francisco.

Llegamos en primer lugar a la diócesis de Campo Limpo, a las afueras de São Paulo, una zona muy pobre de favelas, donde nos acogieron familias muy humildes en lo material, pero mucho más ricas que nosotros en lo personal. Te acogen como a uno más de la familia y te lo dan todo.

No hay palabras para describir esa primera semana allí, solo decir que me sentía en casa, viviendo en comunión como auténticos cristianos. Me acuerdo de un momento muy impactante para mí, cuando fuimos a pedir alimentos para diferentes asociaciones. Nos preguntábamos cómo íbamos a pedir alimentos a gente que tiene lo justo para vivir, y el sacerdote de la parroquia nos dijo: “No hay un pobre tan pobre como para no dar, ni un rico tan rico como para no recibir”. Verdaderamente fue así, pues la gente nos dio kilos y kilos de alimentos.

El último día de la Semana Misionera, en un momento de oración, refl exionando sobre el lema de la JMJ, “Id y haced discípulos a todos los pueblos”, yo pensaba que habían sido ellos los que me habían evangelizado con su ejemplo y su vivencia de la fe. Yo recibí mucho más de lo que pude dar.
Los tres jóvenes ya en España, y participantes en un encuentro de la Jornada Mundial de la Juventud 2013
En la semana de la JMJ en Río de Janeiro pude experimentar cómo la gente te recibe como el Cristo del Corcovado, con los brazos abiertos. Poder compartir la misma fe, el mismo amor de Dios, con tantos jóvenes cristianos es lo más grande que se puede sentir estando allí.

Las palabras del Papa no nos han dejado indiferentes, pues nos han empujado a cambiar el mundo y llevar a Dios a todos los rincones de la Tierra. Hay que seguir adelante con fe y esperanza. Yo invito a todos los jóvenes a participar en las jornadas mundiales de la juventud, pues son unas fi estas de fe que nos animan a seguir más de cerca a Jesucristo.

Cristo me ha ofrecido su amistad

Me llamo Jorge, tengo 22 años y soy de Ferrol. He estudiado Química durante 4 años en la Universidad de Santiago de Compostela y ahora estoy estudiando un ciclo superior de Química Ambiental del que solo me quedan las prácticas. Vivo con mis padres y tengo un hermano, Andrés, de 19 años. Me gusta mucho el deporte, el ajedrez y toco la guitarra en un conjunto de música.
JMJ 2013
Hasta hace un par de años, mi fe se basaba en ir a misa los domingos por no tener bronca con mi madre, pero lo que allí se decía no iba conmigo realmente ni me importaba demasiado, de hecho me parecía un tostón y aprovechaba para pensar en mis cosas o sencillamente seguir descansando un poquillo más por la mañana. Pero después de vivir la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid algo dentro de mí cambió, pues vi otro mundo y me di cuenta de que muchas de las cosas que yo me preguntaba, tenían respuesta en Jesús.

¡De qué cosas se entera uno cuando abre los oídos y los usa! Cristo me ofrecía paz, amistad, alegría, ¡gozo! En defi nitiva, la felicidad. Ya que le había encontrado, no podía soltarlo. En estos años de camino con Él, no he parado de recibir regalos de su parte y de muy diversas formas. Gracias a Jesús tengo el privilegio de haber podido asistir a la JMJ de Río de Janeiro. Por ejemplo en las favelas, muchas personas que nos han acogido y nos han dado más de lo que tenían materialmente, contagiándonos una fe viva a la que yo, por lo menos, no estoy acostumbrado en España.

Cada celebración se vivía intensamente y de una manera viva. Se tiene mucha conciencia de lo que se celebra en los distintos momentos de la Eucaristía. Me sorprendió por ejemplo, la misa de inauguración de la Semana Misionera en la catedral de Campo Limpo, una fi esta impresionante con cantos, bailes y alegría por todos lados, donde participamos unas 2000 personas. Sin embargo, en el momento de la consagración se creó un silencio absoluto, un respeto y una actitud de oración impresionantes. Los jóvenes sabíamos que ahí estaba Jesús y que nosotros estábamos con Él. La verdad es que tengo mucha suerte de haber vivido esto y le doy gracias a Dios.
Jorge, Miguel y Andrés, de derecha a izquierda, charlan en una calle de la localidad coruñesa de Ferrol
El lema de la JMJ de este año ha sido “Id y haced discípulos a todos los pueblos”. Es una frase del Evangelio que siempre me ha fascinado y que tiene un carácter misionero que, desde que descubrí a Jesús, me atrajo enormemente. Cuando tú eres feliz y has descubierto cómo llegar a serlo, quieres que los demás se enteren. Disfrutar la fe solo no es tan guay como disfrutarla acompañado. Una vez que Jesús te seduce, sigues viendo un camino difícil, pero merece la pena vivirlo con Él y darlo a conocer.

Aquí en España tenemos suerte de poderlo conocer, pero hay otros sitios en el mundo en los que Jesús no es conocido. San Pablo decía: “¿Cómo creer en Él si antes no oyeron hablar de Él?” Y, “¿Cómo oír si no hay quién les predique?” Yo creo que hay que compartir a Cristo, que no se puede ser egoísta y guardártelo para ti, hay que hacer saber al mundo que con Jesús se es feliz.

Los Misioneros Combonianos son un instituto misionero que realiza su trabajo en más de 30 países en África, América, Asia y Europa.